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MIGUEL CHECA MANCEBO.

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(Málaga, España) Escritor – Profesor. Licenciado en Filosofía y Letras, sección Filología Hispánica.

Publicaciones en prensa malagueña (Diario Sur) de algunos artículos sobre Literatura; en la Revista de la UMA “Analecta malacitana” varias reseñas de libros; seis microrrelatos en los libros Microrrelatos 2021 y 2022 del Círculo Cultural Bezmiliana de Rincón de la Victoria de Málaga. Ha participado en distintos certámenes literarios en países como; Argentina, España, Colombia y Venezuela. Con textos traducidos al italiano.

Ganador en categoría de Poesía en la convocatoria del primer número de la revista “Encontrarte Revista Artística y Cultural” con el texto “Octosílabos de luz y mar”, del Grupo Editorial Encontrarte, Venezuela, junio 2024. Ganador del XXXIII Concurso de Poesía y Narrativa Villa de El Escorial “María Fuentetaja”, Modalidad Poesía, con el poema “La tarde, mi refugio”, Excmo. Ayuntamiento Villa de El Escorial, Madrid, 28 de octubre de 2024.

https://settepazzi.wordpress.com/2024/10/24/mimbres-del-poema.59-vv-di/

https://avanteditorial.com/libro/marea-de-versos-azules-edicion-en-papel/

“Poema de arcilla”

¿Es la mar mi paraíso azulado?

Cuando intento escribir la brisa asoma

-tan salitre e insólita en mi piel-,

reajustando mis sentires diarios

y arrebatándole al borroso tiempo

la recompensa del verbo preciso,

necesario, al completar con rigor

los días desvalidos de sequía

creativa y de apagados crepúsculos.

Y es sobre el paciente papel en blanco

donde cabe todo mi universo:

azul, mar, cielo, silencio, palmeras…,

allí donde los sentimientos muestran

su faz sobre los versos del poema.

Suelo hablar de la luz y de su azul,

de la estrofa translúcida de espigas

 muy menudas, encintas de palabras

 con esencias de mar completamente

 bendecidas por las místicas ondas

donde la luminosidad nos ladra

 desde el horizonte, al atardecer.

 

Aquí, sobre el gris abismo del tiempo,

brota el manantial de serenidad

de luz palpitante sobre las letras,

haciendo dichoso ahora al poeta.

El milagro de la creación surge,

transitando por soñolientas venas,

con gran trabajo y erguida luz sureña.

 

Ya, encendidos los mitos, las palabras,

los amores de amanecidas claras,

revive en el poema la existencia

misma del hombre que, al escribir, ya

recupera algunos vestigios de antes.

 

Solo el tiempo frío, si airado fuese,

haría inútil sentir el retorno

de las jornadas bastante dichosas

al galopar insensible en lo oscuro.

 

Ojalá la primera claridad

regresase a los lugares del hoy

y la mañana reluzca brillante

sobre nuestro frondoso mediodía.

 

Que el prodigio del verso encabalgado

siga métricamente galopando

llevando la estrofa en su grupa azul

el dulce tiempo de música y arcilla.

 

«La palabra, el mar y tú»

Y cualquier palabra

me llevará hacia ti,

amor mío.

No sé qué vocablo

me ata a tu alma,

ni qué sombra sonora

me evoca tu claridad.

Solo tu voz

es amorosa tregua;

el silencioso ventanal

por donde transpira mi ser.

¡Cuánto ruido trae

tu mirada tácita!

¡Qué estrellado consuelo

me das en la noche oscura!

Me sostienes cuando vuelo,

áptero y taciturno,

por los vericuetos del vacío.

Tú, verbo hecho mujer,

me rozas y rizas la piel

con el aleteo dulce

de tu divino cuerpo.

¿Por qué ahora

el fuego de tu cobijo

prende en la mar?

Esa mar albiceleste,

hogar donde surcamos,

los dos, los humos azules

del sueño,

de la vida,

del tiempo.

Solo el aire porta

en sus pulmones

tu nombre, hecho poema,

con el calor vívido

del cortejo.

¿Quién amañará

nuestros pasos

por esa orilla,

por ese arenal azul,

por esas ondas asfaltadas

de inmensa luz?

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