Reseña de Tango satánico de Lászlo Krasznahorkai

RESEÑA DEL MES POR PAOLA SUAREZ ALVARES

Reseña de Tango satánico de Lászlo Krasznahorkai

Por Paola Suárez Álvarez

Después de la lectura de la novela del nobel surge la pregunta ¿es una obra maestra o solo una apuesta experimental postmodernista?, una suerte de propuesta que genera una sensación de ambigüedad. Habrá que esperar el paso del tiempo para ver si sobrevive al inexorable juez de todas las artes. La obra tiene sus particularidades: las oraciones son extensas, sin punto aparte, como si cada capítulo fuera un único párrafo, las descripciones abundantes, no utiliza raya de diálogo sino comillas españolas, y en la segunda parte los capítulos están numerados en orden descendente.

Tanto la primera como la segunda parte contienen 6 capítulos que forman una especie de uroboro por su forma narrativa.   Destaca el capítulo V de la primera parte: Esto se descose, por la tragedia de Estike y Micur, una escena que pervive a lo largo del texto como una metáfora de la decadencia y la crueldad humana. También debo hacer referencia al capítulo II de la segunda parte Solo preocupaciones, solo trabajo… que nos muestra la revisión de un documento en el que se describen los personajes de la aldea por parte de unos redactores, quizá este elemento metaficcional nos plantea diferentes lecturas de la novela, donde el protagonista no es un individuo sino la desesperanza como parte de la tragedia de la vida. Otro punto para mencionar es el uso  al final del capítulo V de la segunda parte de la escritura sin espacio de separación (scriptio continua), pero en minúsculas, como también lo hizo Toni Morrison en Ojos azules.

A lo largo del libro se ven perspectivas múltiples de los personajes, que son más claras en los capítulos III de la primera parte y los capítulos I y II de la segunda parte. Llama la atención el Doctor, quien actúa como un observador que registra en varios cuadernos los nombres de cada habitante, una bitácora contando sus ires y venires, incluso es él quién cierra la novela en el capítulo I de la segunda parte narrando la desolación del caserío, que ya han abandonado sus habitantes, y su encuentro con el loco que toca las campanadas. Hay notas de Molly Bloom en la señora Smith, y la ascensión del espíritu de Estike contemplada por  Irimiás, Petrina y Sándor hacen recordar un pasaje del realismo mágico, en especial, por los velos blancos que pueden asociarse con las sábanas que envuelven a Remedios la bella. Se siente el barro y la humedad en las ropas y los zapatos, el desdén y la inercia en el esperar nada de la vida por parte de los personajes, el egoísmo, y a la vez, una dependencia del grupo para tomar decisiones. La dispersión del grupo por Irimiás es el final de cualquier esperanza para el colectivo. 

Al ser una traducción, no es factible valorar imparcialmente el lenguaje, sin embargo, hay frases que crean dudas: pasos de suavidad felina, risas perladas, lágrimas en los ojos, máquina insensible, desentumecer los miembros agarrotados, etc. Por último, no creo que leer a Krasznahorkai sea complicado, su estrategia escritural obliga a la concentración-abstracción, algo que hoy día es muy difícil en un mundo ruidoso como el que vivimos.